Estimados Hermanos,
1 Tesalonicenses 5:4-6, "Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de la luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios."
1 Tesalonicenses 5:8, "Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo."
Anoche tuve un sueño, y de no ser por la instrucción específica de compartir lo que vi, yo habría preferido guardármelo. Yo me había ido tarde a la cama, habiendo esperado que mi esposa llegara a casa del trabajo. Después de ver que ella había llegado bien, y de decir mis oraciones, yo caí en un sueño reparador.
Soñé que estaba durmiendo, cuando una mano tocó mi hombro, y una voz que yo reconocí dijo: "Despierta."
En mi sueño yo abrí mis ojos, y mi aliento se detuvo en mi garganta al ver quien me había despertado. Era el mismo mensajero, el ángel que yo había visto en ocasiones previas, vestido enteramente con armadura de combate, de pie al lado de mi cama.
"Toma mi mano", él dijo, "yo he sido enviado para mostrarte algo."
Apenas toqué la mano que estaba extendida hacia mí, cuando mi cama y mi dormitorio se evaporaron, y me hallé de pie ante un edificio blanco oblongo, que tenía mucho parecido con un granero o un establo de caballos. Dos extensas puertas constituían la fachada de la estructura, y mientras miraba ellas comenzaron a girar abriéndose.
Dondequiera yo estuviese, yo sabía que no era de esta tierra, porque todo brillaba, todo era blanco, prístino, inmaculado.
También sabía que la razón para que se me mostrase esto, cualquiera que fuese, estaba por serme revelada, así que yo permanecí en silencio, de la mano del mensajero.
Tan pronto como las puertas fueron abiertas del todo, yo vi un ángel con un aspecto muy parecido al que estaba a mi lado, excepto que sin la armadura, conduciendo un caballo blanco por sus riendas. El caballo era grande y musculoso, pero seguía obedientemente al ángel, con su cabeza agachada. Mientras conducía el caballo, el rostro del ángel era sombrío, y por alguna razón esto se captaba con toda claridad.
Yo miré al mensajero cuya mano aún sostenía, pero él sólo hizo un movimiento de cabeza señalando hacia el edificio blanco y las puertas abiertas, y dijo: "Preséncialo."
Otro ángel pronto apareció a la puerta, sosteniendo las riendas de un caballo rojo, siguiendo a continuación del primero. Yo comencé a comprender lo que estaba viendo, y en silencio observé como dos ángeles más aparecieron, cada uno sosteniedo las riendas de un caballo, uno negro, uno de color no distinguible, excepto que pálido. Todos los cuatro ángeles estaban vestidos iguales, y tenían el mismo rostro sombrío y apesadumbrado.
Yo estuve observando como todos los cuatro caballos fueron conducidos fuera de mi vista y, finalmente, cuando ellos hubieron desaparecido, el mensajero se volvió a mí y dijo: "Anda y cuenta lo que has visto. Los jinetes se preparan, los caballos están listos, y pronto ellos descenderán, pronto ellos serán soltados. Recuerda qué es lo que has presenciado, y no retengas una sola palabra. Pronto ellos descienden sobre alas de furia; pronto la agitación violenta sacudirá las mismas fundaciones de la tierra. Prepárate, porque muchos caerán y pocos quedarán en pie. El cumplimiento está a la mano; anda y habla lo que tú has visto, y lo que has oído. El Reino espera a los justos, los santos pronto verán al Señor."
Recién cuando me soltó la mano me di cuenta de que aún me la estaba sosteniendo, y repentinamente yo estuve de regreso en mi cama, sentado y completamente despierto. Todavía no estoy seguro si fue un sueño o no, o si 'sueño' es la palabra correcta para ello pero, para simplificar, lo llamaré un sueño.
Yo traté de volver a dormir pero no pude, recordando vívidamente la mirada apesadumbrada en las caras de los ángeles que conducían los caballos fuera de los establos.
Parece que el mundo está presenciando lo que la iglesia se niega a reconocer, el hecho de que estamos al borde de un gran trastorno no sólo en esta nación, sino también por todo el mundo. Estos son los días de los cuales hablaron los profetas, los días de los cuales Cristo advirtió, el tiempo de angustia, de colar y separar.
Mi oración es que nosotros siempre recordemos, nuestra esperanza está en el Señor, y él es fiel para con aquellos que son fieles a El. Si hay una palabra que sobresale en todo este sueño, ella es la palabra 'prepárate', y así debemos hacer con diligencia. Los hijos de Dios deben armarse de valor para lo que se viene, preparar sus corazones y ponerse a cuenta dentro de sus almas, que el día en que tendremos que dar la cara por la verdad se aproxima pronto.
1 Tesalonicenses 5:23-24, "Y el mismo Dios de Paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará."
Con amor en Cristo,
Michael Boldea Jr.




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